Copyright y los límites de la creación libre

Gestion Cultural UPLA

¿Hasta qué punto las limitaciones de la ley de derechos de autor y entidades que la regulan, pueden llegar a limitar los mismos derechos, del mismo autor, impidiendo difundir su obra y/o que forme parte de una creación artística superior?


COPYRIGHT

El Copyright o derecho de autor está reconocido como uno de los derechos fundamentales en la Declaración Universal de Derechos Humanos y consiste en un conjunto de normas jurídicas y principios morales que

“protege los derechos que, por el sólo hecho de la creación de la obra, adquieren los autores de obras de la inteligencia en los dominios literarios, artísticos y científicos, cualquiera sea su forma de expresión, y los derechos conexos que ella determina”.

http://www.propiedadintelectual.cl/Vistas_Publicas/publicContenido/contenidoPublicDetalle.aspx?folio=3761& 

En nuestro país, el derecho de autor se encuentra regulado por la Constitución y se señala que por el sólo hecho de la creación de una obra, el creador chileno o extranjero que…

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EL BORRACHITO EN EL EMBLEMA PATRIO (Ensayo)

Chile es el país líder de América Latina en el consumo de alcohol, según un informe de la Organización Mundial de la Salud, publicado por el diario La Tercera en mayo de este año. 9,6 litros de alcohol “puro” per cápita se consumen anualmente en nuestro país. Europa es la región del mundo que lidera el consumo de alcohol, y sus ex colonias, aprendimos muy bien de ellos.

            Las ocasiones en donde se consume alcohol en nuestro país, son las fiestas y celebraciones, ya sean espontáneas o institucionalizadas, entre amigos y enemigos, empresarios y asalariados, curas y feligreses, gobernantes y militares, entre otras, siempre existe una buena excusa para decir “salud” y borrar cualquier diferencia personal, al hacer sonar las copas.

            Nuestras bebidas típicas nacionales son en su mayoría alcohólicas, exceptuando el mote con huesillos, entre las que destacan: la chicha, el vino chileno y el terremoto, consumidos especialmente en Fiestas Patrias; la piscola y el jote, esta última muy popular entre universitarios; el cola de mono, de uso común en Navidad y Año Nuevo.

            A fines del siglo XIX, el alcohol comenzó a transformarse en un problema sólo cuando los patrones chilenos comenzaron a verse afectados por las reiteradas faltas de sus trabajadores, debido al aún conocido “San Lunes”. Esto significaba que los obreros se ausentaban de las faenas, tanto en la industria como la minería, producto del estado de ebriedad. En la actualidad, un artículo de la Ley del Trabajo, tiene su origen en esa situación, ya que señala que se puede poner término al contrato debido a la “no concurrencia del trabajador a sus labores sin causa justificada durante dos días seguidos y dos lunes en el mes” [1]. Por lo tanto, se puede inferir que las faltas de los días lunes tienen su origen en el estado de ebriedad, luego de un fin de semana de juerga. Los mayores promovedores del consumo de alcohol, en su origen, fueron las familias aristocráticas chilenas, dueñas de viñas y cerveceras. Por una parte se intentaba legislar en torno a la limitación del consumo de alcohol en los espacios de trabajo, pero por otro lado, la industria de la cerveza, proveía de dos raciones diarias de este licor a sus trabajadores. Además, aprovechándose de la dependencia del alcohol de los asalariados, varios patrones lo utilizaban como incentivo para romper huelgas. Desde entonces, el alcohol ha sido un estímulo promovido por los grupos económicos y de poder, y, al igual que hoy en día, ciertas familias aristocráticas son las responsables de esto. Al respecto, Luis Emilio Recabarren señalaba lo siguiente:

“¿Quién es el mejor propagandista del alcoholismo? El borracho. Y si se suprime al borracho ¡adiós fortunas de los grandes señores! Los Cruchaga, Tocornal, Errázuriz, Subercaseaux, Sanfuentes, Concha y Toro y demás productores de licores y toda su parentela perderán no sólo su fortuna, su porvenir, sino que también el gobierno de este país. […][2]

            Con la discusión del proyecto de Ley de alcoholes de 1902, recién se empezó a llamar la atención sobre el problema del alcoholismo, incorporando el delito de embriaguez y explicitando su incompatibilidad con el ejercicio de determinadas labores. Los reglamentos propios de la industria también comenzaron a prohibir el alcohol al interior de las faenas y como causal de despido del trabajador. Lo cual era contradictorio, puesto que la industria cervecera le entregaba a sus trabajadores dos raciones de cerveza durante el día. No obstante, en esta misma Ley, se promueve el consumo de alcohol, estableciendo excepciones a la regla en el caso de fiestas importantes como Fiestas Patrias y Año Nuevo. En esas fechas, se levanta la restricción horaria para el expendio de bebidas alcohólicas y permite la entrega de patentes extraordinarias a municipios, incluso en lugares públicos, siempre y cuando funcionen como locales de fondas y ramadas. Por lo tanto, los distintos gobiernos han tenido una gran responsabilidad en la facilitación de su consumo, puesto que no se hacen cargo de este problema, ya que no hacen nada por subir los impuestos a las bebidas alcohólicas, sobre todo al pisco y al vino, cuidando, al parecer, los intereses de las Viñas de las familias de siempre y de la industria pisquera. Cabe señalar que Chile es reconocido en el extranjero, en gran medida, sólo por la producción de cobre y por su vino.

            El Estado chileno, promueve implícitamente del consumo de alcohol y lo incorpora como parte de una tradición en diferentes celebraciones patrias. Un ejemplo de esto, es que en 1948, el Presidente González Videla, instaura la práctica del brindis de chicha en cacho para dar inicio a la Parada Militar, tradición que se mantiene vigente hasta el día de hoy. No obstante, unos años más tarde, en la década del ’50, Chile reconocerá el alcoholismo como una enfermedad, hecho un tanto contradictorio, que nos llevará a posicionarnos hoy en día, en el primer lugar de consumidores del alcohol de Latinoamérica.

            En nuestro país, el consumo de alcohol es normal en las fiestas. Las celebraciones y la borrachera, junto a todas las situaciones que ocurren en torno ellas, se transforman en costumbres y manifestaciones culturales que identifican a nuestro país. Más allá de las estadísticas y problemas sociales o de salud que devienen del consumo de alcohol, es importante analizar el cómo este problema se normaliza al estar completamente inmerso en la vida cotidiana de las festividades nacionales. Existe una alta tolerancia al uso y abuso del alcohol y diversas manifestaciones se dan en también en la música tradicional chilena, como la cueca, en donde el trago y el emborrachamiento, es un tema muy nombrado en las canciones chilenas. Al mismo tiempo, en el área del Teatro, una de las obras más destacadas se desarrollan en torno al consumo de alcohol, lo que se presenta claramente en las décimas de La Negra Ester, una historia que se desarrolla en el contexto de una celebración constante, en torno a un prostíbulo en donde emborracharse es sólo parte de la rutina.

            Presento a ustedes el tema de “El borrachito como emblema patrio”, analizando algunos capítulos del “Laberinto de la Soledad” de Octavio Paz en donde la fiesta y el alcohol también forman parte de la identidad latinoamericana, desde el punto de vista mexicano, junto al texto “Psicoanálisis del mexicano” de Samuel Ramos. Asimismo, veremos cómo se relacionan con el alcohol, algunas canciones de Tito Fernández y las décimas de la Negra Ester de Roberto Parra, textos que ejemplificarán el análisis y reforzarán la idea de que el “borrachito”, así, en diminutivo -para restarle gravedad al asunto y minimizarlo- debería tener su propio espacio de representación en nuestro escudo nacional, sosteniéndose entre el Cóndor y el Huemul.

            En el capítulo “Todos santos, día de muertos” del texto “El laberinto de la soledad”, de Octavio Paz, se trata el tema de las fiestas y reuniones públicas. Señala que el mexicano, al igual que el chileno desde mi punto de vista, busca cualquier momento para reunirse, celebrando con festejos y ceremonias, distintos acontecimientos. Lo denomina “un pueblo ritual” […] “El arte de la Fiesta” […] se conserva “intacto entre nosotros”[3]. Más adelante, señala que su calendario está poblado de fiestas, en donde el país entero “reza, grita, come, se emborracha…”[4], incorporando el trago a la celebración de sus diferentes conmemoraciones. Los mexicanos, como los chilenos, son muy cercanos a las festividades religiosas, pero ni siquiera el rito de la misa católica se salva, pues incorpora el alcohol como parte importante, en donde el vino se transforma en el símbolo para la sangre de Cristo. Octavio Paz, realiza un paralelo entre países desarrollados, indicando que supuestamente ellos no tienen la necesidad de congregarse masivamente, en cambio, el mexicano, y el chileno en nuestro caso, necesita de dos a tres fiestas al año para salir de su miseria, como su único lujo, en donde el alcohol forma parte importante de esta celebración. El carácter del mexicano, también dista mucho de cómo se comporta con o sin alcohol. Al parecer, al igual que el chileno, es más bien, retraído. Sin embargo, durante los días de fiesta, “descarga su alma”[5]. Deja de lado la amistad de cortesía y se emborrachan, “se hacen confidencias, lloran las mismas penas…”[6]. Se sobrepasan, para dejar esa soledad y muestran su verdadero rostro, olvidándose de sí mismos, dice Paz, afirmando con esta frase, ese dicho de que “los borrachos siempre dicen la verdad”. El mexicano, al igual que el chileno, es puro exceso en las fiestas, en donde derrocha al máximo energía, que se potencia en la colectividad. Sumado al consumo excesivo de alcohol, a veces puede llegar a ser caótico, ya que el “trago” ayudaría a su desinhibición, pudiendo incluso realizar acciones que sin alcohol, no osaría realizar, como violar “reglamentos, hábitos y costumbres”[7]. Algunas veces, este comportamiento bajo la influencia del alcohol puede terminar de la peor manera, como riñas y muertes. Aterrizándolo a Chile, los femicidios suelen ser cometidos bajo la influencia del alcohol en el hombre. No obstante, el Gobierno centra sus campañas en evitar su consumo, solo cuando se conduce un vehículo. Paz señala, que incluso el individuo más respetable, se libera de su careta que trae consigo mismo. Añade que si en la fiesta o la borrachera nos abrimos, lo hacemos con violencia desgarradora, y es en esta instancia en donde aparece otro carácter del chileno, similar al del “Pelado”, analizado por Samuel Ramos.

            En su “Psicoanálisis del Mexicano”, Ramos señala que el carácter del mexicano es el efecto de un sino histórico superior a su voluntad. Al igual que el chileno, este carácter surge como consecuencia de una historia y se transforma en un disfraz para disimular nuestro ser auténtico. El chileno típico es más bien tímido, cínico, pues le cuesta decir las cosas de frente, sin embargo, el alcohol lo ayuda a liberarse y a ser honesto. Con el trago aparece el “Pelado” mexicano, similar al “borrachito” o “curadito” chileno, quien lleva su alma al descubierto, sin esconder nada. El “Pelado” busca la riña como un excitante para elevar el tono de su “yo” deprimido. Se consuela con gritar a todo el mundo que “tiene huevos”, dice Ramos, lo que equivale a que tiene el poder, debido a su falo, solo por el hecho de ser hombre. En la cotidianeidad vive de apariencias, porque tiene temor a ser descubierto y siente una desconfianza enorme de sí mismo. Tiene una personalidad real, que oculta ante el resto, y una ficticia, que aparece con el alcohol y que usa para elevar su ego. La desconfianza y la inseguridad en sí mismo es su característica, tanto del “Pelado” mexicano, como del “borrachito” chileno, en estado sobrio.

            Uno de los aspecto positivos de la fiesta, bajo la influencia del alcohol, es que las jerarquías desaparecen y todos “somos iguales”. Unidos en el trago de turno y haciendo salud por cuanta infinidad de motivos ocurriesen, las distinciones de clases, desaparecen. Refiriéndonos más hacia el alcoholismo como enfermedad, cabe destacar que es un padecimiento que afecta tanto a ricos como pobres y que sólo varía en el tipo de alcohol que se consume. El de clase acomodada puede perfectamente ser un alcohólico en su casa o reuniones con altos ejecutivos. Cumplir muy bien con su trabajo y pasar inadvertido. El de clase baja también, aunque quizás, aún más reprimido en su vida diaria, pueda sobre pasar algunos límites, transformándose en el típico “curadito” que uno ve en las calles de amanecida. Porque el de clase alta puede beber en la privacidad de su hogar u oficina, irse manejando en su vehículo último modelo ebrio, como varios casos que hemos visto en las noticias, o tomar un taxi. El típico “curadito” no puede pasar inadvertido, pues debe irse caminando o esperar el transporte público. No obstante, la enfermedad es transversal a toda clase social y en la actualidad, el consumo de alcohol, aunque siempre moderado, no es mal visto socialmente. Es tolerado por la mayoría de la gente e incluso se estimula su consumo desde pequeños en las familias chilenas, dándole a probar a los niños, con el fin de que no les pase nada si les ofrecen fuera de la casa. Sin embargo, esta acción acelera el inicio de este hábito, produciendo el efecto contrario.

            Es imposible concebir una fiesta sin el consumo de alcohol. El alcohol es el que la vuelve excesiva y permite que el individuo se exprese con mayor libertad, diferente a su comportamiento retraído o reprimido que tiene en la vida diaria, como lo es el típico chileno. Ese que habla bajito, que le cuesta decir la verdad de frente, que elude los conflictos y prefiere dejarse pasar a llevar, para no tener problemas. Es a través de la fiesta, en donde la sociedad se desahoga e incluso se “mezcla el bien con el mal”[8] dice Octavio Paz, y se refiere a que la fiesta es una revuelta. El grupo se fortalece en este caos y los límites de las estructuras sociales se deshacen, como mencioné anteriormente, creando “nuevas formas de relación”[9], es una total participación, en donde el mexicano, y en nuestro caso, el chileno, por fin se abre y participa, liberándolo momentáneamente de todos los impulsos que quedan retenidos en la vida diaria, ayudando a que salgan de sí mismos y a sobrepasarse. El consumo de alcohol hace su aporte en este proceso, ya que ayuda a que la sinceridad aflore y revele lo que no podemos decir de manera sobria. Paz señala que sobre el carácter mexicano lo siguiente:

…es un ser “hosco, encerrado en sí mismo, de pronto estalla, se abre el pecho y se exhibe, con cierta complacencia y deteniéndose en los repliegues vergonzosos o terribles de su intimidad. No somos francos, pero nuestra sinceridad puede llegar a extremos que horrorizarían a un europeo. La manera explosiva y dramática, a veces suicida, con que nos desnudamos y entregamos, inermes casi, revela que algo nos asfixia y cohíbe. Algo nos impide ser. Y porque no nos atrevemos o no podemos enfrentarnos con nuestro ser, recurrimos a la Fiesta. Ella nos lanza al vacío, embriaguez que se quema a sí misma, disparo en el aire, fuego de artificio”. [10]

            Estas características sobre el hombre mexicano, son muy similares a la del hombre chileno, incluso en la actualidad. Octavio Paz señala que todas esas actitudes que el mexicano siente, y en nuestro caso, el chileno siente, hay una presencia de una mancha imborrable. “Todos nuestros gestos tienden a ocultar esa llaga, siempre fresca, siempre lista a encenderse y arder bajo el sol de la mirada ajena.” Más adelante añade: “Todo desprendimiento provoca una herida. A reserva de indagar cómo y en qué momento se produjo ese desprendimiento, debo apuntar que cualquier ruptura […] engendra un sentimiento de soledad […] El mexicano no trasciende su soledad. Al contrario, se encierra en ella […] Oscilamos entre la entrega y la reserva, entre el grito y el silencio, entre la fiesta y el velorio, sin entregarnos jamás.”[11]No sabemos cuáles serán las causas en el caso chileno, pero sí podemos intuir que la historia juega un papel importante en la construcción de carácter del individuo nacional. Como señala Paz, “la historia nos ayuda a comprender ciertos rasgos de nuestro carácter…”[12] Este espíritu de soledad, que se oculta en el día a día y que trata de borrarse con un trago, se puede ver reflejado en un típico chileno: Un chileno medio asalariado, que debe trabajar 45 horas a la semana o incluso más, para poder tener un buen desempeño laboral. Que vive 4 horas diarias arriba del transporte público- sin contar el tiempo de espera- y que gana el sueldo mínimo, pudiendo pagar la movilización solo la primera mitad del mes, debiendo luego evadir el pasaje. Que con suerte puede comprar un kilo de pan diario, ya que el costo de la vida no es compatible con su salario. Que no tiene capacidad de ahorro, que comparte la casa con los suegros y cuñados, que debe endeudarse para poder darse pequeños lujos, si es que es un lujo comprarse ropa, tener casa propia, ponerse una tapadura o comprar algún electrodoméstico para hacer la vida más fácil. Ese chileno medio que no tiene tiempo de reclamar, sino que se vuelve sumiso y evita las confrontaciones. Que debe callar las injusticias laborales, para mantener su empleo. Que no está sindicalizado por temor a represalias y que no va a las marchas a expresar su descontento, no porque no quiera, sino porque no puede dejar su puesto de trabajo. Que tiene la esperanza de que si sigue trabajando día a día, más adelante, verá las recompensas. El chileno medio que no se informa, que se aburrió de las noticias, que ya casi no va a votar, porque pensó que con la democracia vendrían mejores tiempos y se haría justicia social, no obstante, todavía debe escoger a cuál de los hijos darle mejor educación, porque ve en ella una forma de salir de su pobreza. Aunque la única forma sea a través de un crédito, una deuda más pesada que el título que tendrá en la mano. El chileno medio que ve en la fiesta y en el alcohol una salida a la depresión endógena que padece nuestro país. Un ciudadano que ve como cada día, sus esfuerzos son en vano para tener la soñada calidad de vida. Su única vía de escape es el emborrachamiento, una salida a su rutina reprimida, en donde exacerba todos sus impulsos contenidos, en donde puede dar rienda suelta a sus deseos sin autocensura, en donde se siente seguro en un grupo determinado, en donde comparten un “salud por esto”, “salud por lo otro”, sin preocuparse del futuro por un instante. Una embriaguez que sobrepasa los límites de lo correcto e incorrecto, en donde todo puede decirse y hacerse, en donde todo puede pasar, incluso las peores tragedias, pero con el beneficio de que la memoria es frágil y puede olvidar. Un momento en donde la sinceridad brota y el cinismo, tan característico chileno, se deja a un lado. El mexicano de Octavio Paz, no está tan alejado de nuestro chileno, también un poco dominado y temeroso, que finge frente al señor, que se relaciona con desconfianza, disimulo e ironía: “Es revelador que nuestra intimidad jamás aflore de manera natural, sin el acicate de la fiesta, el alcohol o la muerte”[13] señala el autor.

            Este típico chileno un tanto tímido, pero que se envalentona en la fiesta y gracias al consumo de alcohol, es el que aparece protagonizando las décimas de la Negra Ester, texto que ejemplificará cómo en una obra ícono del teatro chileno, se refleja una de las más claras actitudes que distinguen nuestra idiosincrasia, en donde el consumo de alcohol es una actividad normalizada dentro de la fiesta popular.

            La Negra Ester es una obra musical autobiográfica que se escribió en décimas, por el cantautor y folclorista Roberto Parra. Fue llevada al teatro por Andrés Pérez en 1988 y es una de las obras más vistas del teatro nacional, recibiendo en el año 1989, el premio al mejor montaje, otorgado por la Asociación de Periodistas de Espectáculos. La historia gira en torno al personaje de Roberto quien llega a San Antonio y conoce a una prostituta llamada Negra Ester, de la cual se enamora. Es paradójico que una obra, en donde el consumo de alcohol está normalizado, sea una de las obras más exitosas chilenas, lo que institucionaliza de alguna forma, al borracho en nuestra cultura nacional. Nadie cuestiona su calidad, sin embargo, es una obra que alude a los excesos de alcohol en la fiesta chilena, y que es ejemplo del típico hombre chileno. Un montaje que viajó por el mundo y que dio a conocer una imagen de un típico chileno, a quienes tal vez no conocen nada de nuestro país. A continuación, citaré textualmente alguna de las estrofas en donde se señala claramente el cómo este hombre o mujer chilenos actúan bajo los efectos del alcohol y les permite sociabilizar en el marco de la celebración.

            Ya en la cuarta estrofa de las Décimas de la Negra Ester, Roberto se presenta a sí mismo como un típico borracho y con rasgos de alcoholismo, por el hecho de necesitar consumir un trago:

“Me lo pasaba borracho/sin un cobre en los bolsilloh/

cantaba mah que los grilloh/pa’ tomar un medio cacho/

triste la vida del huacho/por no ser correspondío/

es tanto lo que he sufrío/sin esperanza ninguna/

maldita jué mi fortuna/hoy grito muy aflijío.”

            Posteriormente, se ejemplifica que el alcohol ayuda en la desinhibición del chileno reprimido, en este caso, al referirse a la mujer que se emborracha y que estaría ya lista, para que el hombre pudiera aprovechar la oportunidad de estar con ella. Rasgos de machismo, que en este caso no analizaré.

“Por fin cayó la paloma/borracha como tetera/

sin saber lo que me espera/cuando el sol recién asoma/

chillaba la monah/empollá como cabestro/

vamoh a acostarnoh maestro/por fin vai a ser tu gusto/

cuidado no te dé sustoh/qué te parece Roberto”

            En estas siguientes estrofas, se señala que Ester cae por “borracha” en los brazos de Roberto, y posteriormente, Ester al darse cuenta, le señala que se aprovechó de ella. El alcohol y la efervescencia de la fiesta, puede hacer que muchas veces el individuo pierda la voluntad y simplemente se deje llevar por el presente.

“No le dije ninguna cosa/noh juimoh para la pieza/

le miraba su belleza/a mi linda mariposa/

se portaba cariñosa/quizáh por la borrachera/

bramaba como ternera/se tiró sobre la cama/

y me pegué como escama/como polvo de la pradera

Al otro día señoreh/muy tapao e’ cabeza/

la negra se puso tiesa/se acabaron loh amoreh/

voy a descubrir lah floreh/con quién estoy acostá/

y tirando la frazá/ me dejó al descubierto/

levántate boquiabierto/me aprovechaste curá”.

            En las siguientes estrofas, se ejemplifica un remedio típico para la “caña” según la cultura etílica, sobre seguir bebiendo al día siguiente:

Me despertaba a lah doce/vaya a comprar la cerveza/

Que me duele la cabeza/ mi viejo no se me enoje/

De pasá donde ‘On Jose/se trae unoh mejoraleh/

pa’ que me pasen los maleh/voy a quedar muy re’ picha/

vamoh a tomar chicha/ adonde el güaso Morales

[…]

Nos juimoh de trago y trago/en el restorán del frente/

Se juntó con unoh clienteh/con un tal Pedro Santiago/

Yo no hice niun amago/ ni me di por aludío/

y saliendo yo su qerío/me echaron por el pasilllo/

se me derrumbó el castillo/agua abajo por el río

Pasé por el cabaré/y volví pal restorán/

Ponga chicha don Abraham/le dije no pagaré/

la cantina es de usté/no se aflija por tan poco/

esto no vale un coco/vamoh a seguir con la farra/

toquemoh ya la guitarra/chicharreaba como un loco”…

            Posteriormente la Negra Ester también se incorpora a seguir con el “carrete” y la borrachera, como vemos a continuación:

“Siéntate negrita Ester/le decía don Abraham/

es tuyito el restorán/ aquí no va a padecer/

harto trago y que comer/ decía mi güen amigo/

un salú y yo le obligo/vamoh a tomarlo al seco/

por este viejo reseco/ que está pareciendo un higo

[…]

Tuvimoh la tarde entera/ con la María y la Ester/

Voy a darle a conocer/cómo fue la borrachera

Como flor en primavera/ empezamoh por el vino/

muy pronto perdimoh tino/noh curamoh como parra/

se me perdió la guitarra/a mi amigo el borsalino

Qué noche mah deliciosa/pasé en el Copacabana/

de la noche a la mañana/con mi linda mariposa/

todo era color de rosa/ con esta linda muchacha/

la iba a acostar borracha/yo en lah mismas condicioneh

juntamoh doh corazoneh/ con esta buena pachanga”

            Mientras la historia continúa, se cita el consumo de alcohol en el marco de la fiesta, en varias estrofas más, como presento a continuación:

“Se pasiaba doña Rosa/muy arremangá de brazo/

de lah patah el gallinazo/lo echa a la cacerola/

a mí me gusta la cola/gritó don Abraham muy fino/

reservao traigan vino/picotiemoh lah aceitunah/

se jueron de una en una/yo cantaba como chino

[…]

la fiesta jué macanúa/noh curamoh hasta lah patah/

la Ester como garrapata/ la María como tagua/

la dejaron sin enagua/ yo no sé lo que ha pasao/

gritaba desesperao/ el nano como quirquincho/

se pegaba unoh relinchoh/de rabia el condenao

[…]

Yo seguí lah borrachera/sin pensar en San Antonio/

ni en la hija del demonio/ ni menoh en suh caderah/

yo estaba en la cuerera/como perejil sin hoja

se aprovechó la congoja/deste cantor ambulante/

me acuerdo del restaurante/ y del viejo Abraham Rojas

[…]

Yo cambié de tal manera/de la noche a la mañana/

yo no soy el palangana/ y dejé la borrachera/

qué será de mi ramera/pensaba yo en mih pincheh/

me empezó a picar el chinche/me acordaba de la Ester/

desa preciosa mujer/eso es lo máh me aflije

[…]

Nos tomamoh unoh tragoh/hicimoh el compromiso/

va a salir todo preciso/ye he cumplio mih encargoh/

se lo digo sin embargo/es casamiento seguro/

no lo haga con mucho apuro/ yo voy a ser tu testigo/

se lo digo como amigo/ que no es ningún negocio oscuro

[…]

Yo me dirigí primero/con palabrah muy sencillah/

le dije yo a la chiquilla/tomemoh unoh tragoh cinceroh/

encontré lo que yo quiero/y lo que a ti te conviene/

se acabaron loh placereh/ echemoh todo al olvido/

por que el será tu marido/ tu dirá si lo quiereh”…

            Así, en la Negra Ester, tanto el montaje como el texto de las décimas, se ve representado cómo el alcohol es un elemento primordial en la celebración chilena, en donde se refleja el típico chileno que busca en su refugio una vía de escape, de desinhibición, de dejar salir la sinceridad reprimida en el diario vivir, en dejar los miedos a un lado y vivir el momento, que la “caña” del día siguiente, también se “cura” con más alcohol. Todo es alegría, y con el vino y con la chicha, todos los problemas desaparecen, aunque sea por un instante.

            En la música tradicional chilena, también se ve reflejado el tema del alcoholismo como algo positivo, como representante de identidad chilena y de la tradición, institucionalizado a través de la cueca. Tenemos la cueca de la “Chicha de Curacaví”, que pone “los pasos lentos”, toda una canción dedicada a este trago típico chileno y un baile tradicional para acompañar esta música. Existen varios cantautores nacionales y canciones que tratan el tema del alcoholismo en la temática de fiesta o simplemente, como representante de chilenidad. En otros casos, presenta el alcohol en el individuo como vía de evasión a los problemas, que ya analizamos en un inicio a partir del texto de Octavio Paz.

            Un folclorista chileno, fiel representante del culto al alcohol, es Tito Fernández, quien incorpora el tema en cuecas, canciones y recitaciones en torno al vino, como por ejemplo, la “Cueca larga de los curaos” y la más conocida “Me gusta el vino”. Escuchamos esta música sin cuestionarla, sobre todo en las fiestas patrias, porque es parte de nuestra tradición chilena, por lo tanto, la asumimos como nuestra, como normal, sin cuestionamientos, la incorporamos a nuestra cultura y la toleramos.

            En la “Cueca larga de los curaos” se habla de esta soledad y depresión del chileno, representado en las primeras frases:

“Me gusta andar borracho de vez en cuando, para olvidar las penas que estoy pasando…”

            Posteriormente, va describiendo el estado de una persona, a medida que avanza la ingesta de alcohol y la cultura sobre el emborrachamiento, en donde, al igual que en la Negra Ester, cuenta anécdotas que ocurren bajo este estado, como por ejemplo, que las secuelas de una noche de alcohol, se mejoran al seguir bebiendo. La canción más representativa de Tito Fernández, es “Me gusta el vino”, bastante popular y que nunca pasa de moda en las fiestas tradicionales chilenas.

            Puedo afirmar que la fiesta chilena y por sobre todo, las tradicionales, no podrían existir sin el consumo de alcohol. El emborrachamiento es avalado por la institución chilena, ya que como señalara en un inicio, se incorpora el consumo de alcohol en actos tan solemnes como la Parada Militar. El Estado chileno entonces, brinda facilidades para su consumo extraordinario en fiestas tradicionales y fomenta el alcoholismo, gracias a los bajos impuestos a los alcoholes y nulas advertencias de sus daños en la rotulación de los envases de pisco y vino, contrario a lo que ocurre con la industria del tabaco.

            Las autoridades nacionales no hacen llamados de alerta a que el consumo de alcohol es perjudicial para la salud. El SENDA lo menciona en su página web, pero sólo señala algunos efectos y consecuencias en la salud, pero restándole gravedad ante las drogas duras. No existen campañas en contra del consumo de alcohol propiamente tal, excepto las que van enfocadas a que los conductores no manejen bajo su influencia, con el fin de evitar accidentes de tránsito. Esto se reforzó con la Ley de Tolerancia 0, pero su fin no es prevenir o combatir el consumo de alcohol, sino que sólo no manejar en ese estado.

            El alcohol y el borrachito está presente en muchas manifestaciones culturales, como algo normalizado, alegre y hasta divertido. Podemos verlo en las historietas de “Condorito” a través de “Garganta de Lata”, o el “Canitrot” del “Jappening con Ja”. El borracho chileno está representado en canciones y textos, como podemos ver en la obra de la Negra Ester y en el texto de las Décimas de Roberto Parra, ya analizados. En el 18 de septiembre solemos bailar cuecas y cantar sus letras que hablan del emborrachamiento como algo normal y típico de las celebraciones chilenas, siempre junto a un vaso de terremoto, chicha o vino. Asimismo, la obra de Andrés Pérez, varias veces denominada como la obra más exitosa chilena, avala esta cultura del alcohol, por lo que, de alguna forma, se institucionaliza popularmente también en las artes, como el Teatro.

            Las causas que llevan al individuo chileno, al hombre y actualmente también a la mujer chilena, tal vez sería el tema en profundidad que se debe atacar. Problemas que pueden tener orígenes históricos y también sociales, que se ven reflejados en la necesidad de una vía de escape a esta depresión y/o represión diaria a la que están expuestos millones de chilenos y que nos permiten comprender el por qué el alcohol y el curado o el borrachito, está instaurado en nuestra cultura desde hace muchos años, formando parte representante de nuestras manifestaciones tradicionales. El borrachito se transformado en un personaje típico chileno, normalizado y tolerado, e incluso querido y cuidado por la ciudadanía, ser digno de estar por fin reconocido en nuestro escudo nacional, junto a todo lo que nos identifica como nación.

Por Valentina Santana. Escrito en Mayo de 2014 para el Magíster de Gestión Cultural, módulo de “Identidad chilena y Latinoamericana”, profesor Hugo Bello.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Paz, Octavio. El Laberinto de la Soledad.
  2. Ramos, Samuel. El perfil del hombre y la cultura en México.
  3. Encuesta La Tercera: http://www.latercera.com/noticia/nacional/2014/05/680-577720-9-oms-asegura-que-chile-es-el-pais-de-america-latina-con-mayor-consumo-de-alcohol.shtml
  4. Ley de Alcoholes: http://www.bcn.cl/leyfacil/recurso/alcohol-venta-y-consumo
  5. Club de rodeo chileno: Brindis Presidencial de Chicha en Cacho tradición inserta en la Historia: http://www.clubgilletelier.cl/eventos-y-noticias-ano-2011/item/161-brindis-presidencial-de-chicha-en-cacho-tradici%C3%B3n-inserta-en-la-historia.html
  6. Prevalencia de el alcoholismo durante tres décadas en Chile: http://www.scielo.br/pdf/rsp/v23n2/06.pdf
  7. Letra “Cueca larga de los curaos”: http://www.eltemucano.cl/tmcocan2.php?vuelta=2&ncan=354&busca=&xnom7=&pag=4&abxyz02=
  8. Letra “Me gusta el vino”: http://www.eltemucano.cl/tmcocan2.php?abxyz02=55&ncan=61&vuelta=1&nsec=7
  9. Letra Chicha de curacaví: http://www.coveralia.com/letras/chicha-de-curacavi-50-cuecas-de-antologia.php
  10. Décimas de la Negra Ester: http://mav.cl/negra_ester/p01.htm
  11. Dirección del trabajo: http://www.dt.gob.cl/consultas/1613/w3-article-60570.html
  12. Universidad de los Lagos, Alcohol y Trabajo. El alcohol y la formación de las identidades laborales: http://books.google.cl/books?id=8vD5g8DuJBAC&pg=PA150&lpg=PA150&dq=ley+alcoholes+1902&source=bl&ots=nfOzpdkKwG&sig=fREsRvPoexONS-BcCWC94om13q8&hl=es&sa=X&ei=ggeqU8ssl8qxBLq6gLAN&ved=0CDUQ6AEwBQ#v=onepage&q=ley%20alcoholes%201902&f=false

[1] Artículo 160 Código del trabajo.

[2] UNIVERSIDAD DE LOS LAGOS. Alcohol y Trabajo. El alcohol y la formación de las identidades laborales” p.149.

[3] PAZ, Octavio. El laberinto de la soledad. p. 18.

[4] Ibid.

[5] Opcit. p. 19

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Opcit. p. 20

[9] Ibid.

[10] Opcit. p. 21.

[11] Opcit. p. 25, 26.

[12] Opcit. p. 30.

[13] Ibid.

INFOWAR como arma de destrucción masiva

Gestion Cultural UPLA

             La información como arma de guerra modifica la percepción de la realidad de las personas, mediante una propagación instantánea del miedo, provocando emociones colectivas generalizadas, que ataca a todos y a cada uno al mismo tiempo.

            Uno de los pioneros en INFOWAR fueron los Estados Unidos, quienes utilizando la información a su favor, apoyados en la instantaneidad que las imágenes vía satélite de unas torres gemelas derrumbadas, inventaron la guerra contra el terrorismo, infundiendo el miedo en todo el mundo y provocando conflictos bélicos ficticios que se mantienen al día de hoy.

 

          A menor escala, en nuestro país, podemos ver ejemplos en diferentes programas televisivos que infunden pánico en la población tratando de predecir movimientos telúricos, entre otros temas.

 

            Infowar o guerra de información, es el nuevo arma…

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